Conmoverse: Arcadio Díaz Quiñones en correspondencia

Hay una palabra que Arcadio Díaz Quiñones usa con regularidad, casi como amuleto. No se trata de la palabra bregar, aunque en cierto sentido se espejea en ella porque también se trata de un verbo, aunque Arcadio casi nunca ocupa su infinitivo ni su forma sustantiva como sí lo hace con bregar y brega. La palabra aparece en su escritura, pero también en su particular registro conversacional. En la reedición de su libro Sobre los principios. Los intelectuales caribeños y la tradición, también la emplea en un par de ocasiones. La cita, a su vez, en El arte de bregar, allí como adjetivo, aunque también la conjuga. Recientemente, en una entrevista que junto con Pedro Meira Monteiro le hicimos a Arcadio y titulamos “‘No soy creyente’: regreso, cosmopolitismo, refugio”, la usó dos veces. También la convocó en el texto que escribió para aceptar el premio Kalman Silvert de LASA. La palabra a la que me refiero es conmoverse, verbo reflexivo. Cito a Arcadio: “Me impactó mucho haber conocido a [Ángel Rama] y también a Marta Traba. El otro día estuve hablando de su estancia en Puerto Rico, y me conmovió mucho recordarlos […]”. Arcadio también dice: “Pero una de las cosas que más me conmovieron de lo que me contaba [Jeremy Adelman] es que unos estudiantes (creo que sirios […]) le decían: ‘Aquí estamos bien, en el campo de refugiados; y salimos, porque […] si no nos mataba uno, nos mataba el otro’” (Guerrero y Meira Monteiro 2024). Asimismo, en otro lugar, Arcadio escribe “La magnitud del cambio en estos años de perplejidad puede comprobarse, por ejemplo, en las conmovedoras palabras de uno de los historiadores más eminentes de Cuba, Manuel Moreno Fraginals […]” (Díaz Quiñones 2000, 296). O, en otra ocasión, cuando consigna “resulta muy conmovedor que pocas semanas antes de su muerte, […] [Pedro] Henríquez Ureña, atemorizado por la polarización que suponía el triunfo peronista en la Argentina, expresara en una carta la posibilidad de tener que regresar a México” (Díaz Quiñones 2024,189). Y así sucesivamente. Permítanme sospechar del uso que hace Arcadio de este verbo. No quiero, para nada, restarle sentimiento, pero me permito hacer de este, así como lo hace la poeta chilena Cecilia Vicuña, un artefacto, una palabrarma. Arcadio se conmueve, pero es aquello que lo moviliza, que lo hace temblar, es decir, la parte que implica movimiento, lo que destacaré en esta ocasión. Se conmueve, porque aquello que recuerda lo mueve, lo revuelve, lo sacude, porque aquellos a quienes recuerda lo mecen. Como si estuviéramos en una hamaca, al conmovernos, nos hamacamos, del verbo hamacarse. Asimismo, recuerdo que no solo nos mecemos a nosotrxs mismxs, hamacamos también a lxs otrxs para balancearnos acompasadamente como en un columpio. Conmoverse, entonces, es siempre para Arcadio moverse, revolverse, hamacarse y ser hamacadx. Tras aceptar el premio de LASA, escribió: “I am deeply moved by the Kalman Silvert award” (Díaz Quiñones 2026, xiv). El inglés trae otras resonancias porque ya no es solo conmoverse, sino también mudarse, desplazarse, espaciarse, extrañarse, exiliarse. En su libro Sobre los principios, Arcadio revela una clave, una sentencia que además se torna una poética, toda una política de la escritura. En la nota preliminar, escribe: “Estudio en estos trabajos cómo los escritores del Caribe ‘hispánico’ moderno han imaginado sus comienzos y el papel que han jugado en la elaboración de las tradiciones literarias y en los imaginarios nacionales”. Arcadio enseguida bordea sus propios begginings, y vuelvo a citarlo: “En los comienzos estaba la mirada melancólica de Luis Palés Matos y la poesía marina de Julia de Burgos y Derek Walcott”. También nombra a Fanon, a Benitez Rojo y a Glissant. Pero si pudiera haber un comienzo para este libro sería quizá lo que para mí revela el secreto de su particular uso del verbo conmover, la clave que anunciaba. Arcadio sentencia: “Empezar no es partir de cero”. Aquí yace la poética de toda una obra, el exceso como punto de partida para justamente abordar la tradición, la historia intelectual latinoamericana y caribeña, porque conmovernos, y vuelvo al amuleto, es movernos con aquello que nos electrifica, que nos mece y hamaca, con aquellxs que nos mecen y arrullan. Llevamos siempre algo a cuesta: la lengua, la escucha, las vidas que no son la nuestra, que fueron asignadas o acogidas, imaginadas e inventadas, así como los fragmentos, los archipiélagos adosados, nuestros países portátiles, nuestrxs amigxs. Creo encontrar, sin embargo, un principio, o más bien un principio compositivo. En el mimo libro que he citado, Sobre los principios, Arcadio cita a María Zambrano, quien en cierto sentido propone toda una pedagogía de la conmoción: “Algo alcanza la categoría de ruina cuando su derrumbe material sirve de soporte a un sentido que se extiende triunfador, supervivencia, no ya de lo que fue, sino de lo que no alcanzó a ser […] Entre todas las ruinas la que más conmueve, es la de un Templo […] todo templo por grande que sea su belleza, tiene algo de fracaso y cuando está en ruinas parece ser más perfecta […]” (392). Se trata de una poética de lo inacabado, de lo que no pudo ser y del fracaso como soporte y supervivencia. Alcanzamos a conmovernos, movernos, mudarnos, hamacarnos, columpiarnos, arrullarnos, sobrevivir, con el trabajo de otrxs, sobrevivirnos a partir de otrxs. Esto parece decir la conmovedora obra de Arcadio Díaz Quiñones. Conmoverse es siempre vincular, conversar; por eso en sus muchos epígrafes y textos, Arcadio constantemente convoca a sus donadores:

In the beginning, there were my teachers, and the poetry and fiction I read as a student at Universidad de Puerto Rico in the 1960s. Graphic artists, dance-theater groups, and popular singers were also important. (Díaz Quiñones 2026, xiv) 

Porque, a fin de cuentas, la forma es la mayor pregunta del trabajo intelectual de Arcadio. La forma de la tradición, de la historia, de la literatura, del ensayo, de la guerra, de las palabras y las cosas, del relato, de las palabras amigas, de lxs amigxs. Porque conmoverse es también metamorfosis, es mudarse de piel, es transformarse ante aquello que dicen y piensan otrxs, es sacudirse, es correspondencia. Sin duda, la tormenta perfecta que tuvo lugar, con Arcadio, en la Universidad de Princeton. Arcadio dice: “It was, however, an immense privilege to know and learn from Stanley and Barbara Stein, Sylvia Molloy, James Irby, Rolena Adorno, Ricardo Piglia, and Albert and Sarah Hirschman.  At Princeton and at conferences in Mexico, Cuba, Argentina, Venezuela, Brazil, and Colombia” (Díaz Quiñones 2026, xiv).

Recientemente leí un maravilloso libro que bajo el cuidado de la crítica argentina Adriana Amante publicó Eterna Cadencia Editora, un libro que dos queridas compañeras trajeron para mí de Buenos Aires a Princeton. Se titula Amigos y publica parte de la correspondencia de Sylvia Molloy con Manuel Puig, Victoria y Silvina Ocampo, Ivonne Bordelois, Enrique Pezzoni, Edgardo Cozarinsky, entre otrxs. El 20 de marzo de 1970, Sylvia le escribe a Edgardo una carta que reposa, viva, en el archivo de Cozarinsky en la Biblioteca Firestone de Princeton: Molloy relata su contratación en la universidad:

Algunas noticias: vuelvo a armar mis bultos y me largo de Vassar to Princeton and stardom. Después de la oferta de la conferencia que te anuncié me llegó otra, más sustanciosa; de un puesto que ya he aceptado. Tendré un título paquetísimo: Bicentennial Preceptor, no en honor a mis canas sino a no sé cuál complicadísima tradición del lugar.?!! Seré by the way la única mujer en un departamento con unos cuantos enterprising and beady-eyed viejitos, pero hay otra gente muy interesante y estoy modestamente contenta. Ventaja adicional: Princeton está a menos de una hora de New York […] (Molloy 2026, 252-253).

Vínculos, amigxs, intersecciones, correspondencias, fugas conmovedoras.

Quiero culminar con un poema para Arcadio, un poema venido de mi particular archipiélago, escrito por el poeta venezolano Rafael Cadenas.

Ars poética

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Somos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme (32).

Y añado, yo, conmuéveme.

Referencias

Cadenas, Rafael. 2013. Rafael Cadenas. Selección y nota introductoria de Julio Ortega. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Díaz Quiñones, Arcadio. 2000. El arte de bregar. Ensayos. San Juan, P.R.: Ediciones Callejón.

Díaz Quiñones, Arcadio. 2024. Sobre los principios. Los intelectuales caribeños y la tradición. Pittsburgh, PA: Latin America Research Commons / LASA Press.

Díaz Quiñones, Arcadio. 2026. “Kalman H. Silvert Award Statement”. En LASA 2026 Program Book, xiv. Pittsburgh, PA: Latin American Studies Association.

Guerrero, Javier y Pedro Meira Monteiro. 2024. “Entrevista a Arcadio Díaz Quiñones: ‘No soy creyente’: regreso, cosmopolitismo, refugio”. LASA Forum 55, n° 4.

Molloy, Sylvia. 2026. Amigos. Buenos Aires: Eterna Cadencia.