Debbie Castillo tenía el don de la ubicuidad: estaba en todas partes, y la cantidad de gente que llegaba a tocar sorprendía por su amplitud y variedad. Era una académica con un vasto conocimiento de la literatura y la cultura de América Latina y del mundo hispano en los Estados Unidos, con más de veinte libros publicados, en los que intervino en diferentes roles (autora, editora, traductora), y más de ciento cincuenta artículos. A la vez, en Ithaca, donde enseñaba en la universidad de Cornell desde 1985 —con hogares en las facultades de Estudios Románicos y Literatura Comparada, y en el programa de Estudios Latinxs—, estaba muy presente en la vida de la comunidad latina, ofreciéndose de voluntaria en programas de apoyo a los necesitados como No Más Lágrimas (dedicado a ofrecer comida gratuita). Dirigió más de sesenta tesis de doctorado y estuvo en más de cien comités de estudiantes del doctorado, formando a varias generaciones de académicos, algunos hoy muy presentes en los estudios mexicanistas, y latinx y latinoamericanistas en los Estados Unidos (sus redes académicas llegaban a la India y a Corea del Sur, donde dio clases varias veces). Estuvo involucrada de cerca en el trabajo cotidiano con los estudiantes subgraduados, especialmente a partir de la creación en 1993 de Teatrotaller, una compañía de teatro en la que los estudiantes escribían el guion de la obra a representar, actuaban y se encargaban de la infraestructura necesaria para llevarla a cabo, desde el maquillaje hasta las luces. Teatrotaller hizo giras tanto en los Estados Unidos y México como en la India, y estuvo en festivales en Bélgica, Ecuador, Rumanía y Canadá.
Debbie fue una pionera en varios campos, comenzando con sus trabajos sobre literatura latinoamericana desde una perspectiva feminista, en libros como Talking Back: Towards a Latin American Feminist Literary Criticism (1992) y Sex and Gender in Modern Mexican Fiction (1998); a principios de este siglo, profundizó un viraje hacia la literatura en español en los Estados Unidos, en libros como Re-Dreaming America: Towards a Bilingual Understanding of American Literature (2004). A partir de esos años, si bien no dejó de publicar libros panorámicos sobre América Latina —por ejemplo, el quinto de la serie Latin American Literature in Transition, que coeditó juntó con Mónica Szurmuk (Cambridge UP, 2021)—, Debbie se enfocó en los estudios fronterizos y en temas migratorios, tanto en las clases que ofrecía como en los ensayos que escribía y en su activismo en la comunidad. Una característica notable fue su énfasis en publicar libros colectivos, junto con exalumnos o colegas jóvenes a los que apoyó en el inicio de sus carreras académicas. Coeditó uno de sus últimos libros con su hija, Melissa Castillo Planas (Engaged Scholarship and Teaching in COVID Times, Cornell UP, 2025), y tenía bajo contrato un volumen que estaba coeditando con su colega en Literatura Comparada, Anindita Banerjee (Border Environments, Cornell UP 2021).
Como profesora, Debbie recibió el más prestigioso premio de enseñanza a subgraduados en Cornell, el Stephen H. Weiss Presidential Fellowship; como mentora, nunca decía no a quienes le pedían un estudio independiente (podía dar más de cinco en un semestre). Como académica, fue editora de revistas importantes como la Latin American Literary Review y formó parte del comité editorial de varias revistas y editoriales académicas (Cornell UP, SUNY Press). En su faceta administrativa, dirigió programas como el Latino Studies en Cornell y fue presidenta de LASA (Latin American Studies Association) y de la Asociación Internacional de Literatura y Cultura Femenina Hispánica (hoy conocida como Asociación de Estudios de Género y Sexualidades). Llevaba a cabo ese impresionante trabajo sin perder el cable a tierra con la comunidad: se la podía ver en Ithaca coorganizando la pastorela de fin de año, ofreciendo un ciclo de cine de películas mexicanas de ciencia ficción (muchos vieron allí por primera vez clásicos como El planeta de los monstruos) o de Bollywood (una de sus pasiones), o participando de voluntaria en las actividades de la Latino Civic Association of Tompkins County. Su casa en Ellis Hollow Road se convirtió en un lugar de encuentro para los estudiantes y la comunidad latina en Cornell y en Ithaca, y eran célebres sus comidas para el 5 de Mayo o el día de Acción de Gracias. No solo tenía un don para la cocina, también era una impresionante artista de patchwork, y creaba hermosas mantas que a lo largo de los años fueron a parar a manos de sus estudiantes y de muchos miembros de la comunidad. Entre sus amigos y colegas era común preguntar de dónde sacaba el tiempo, pues lo hacía todo sin que se sintiera que estaba apurada, y recibía a quien la visitara para algo urgente o trivial sin transmitir la sensación de que se la interrumpía. Decía que su receta era no dejar que nada se apilara en su mesa: lo que entraba un día debía salir de inmediato. Sonaba fácil, pero, en la práctica, tantas demandas pueden terminar descalabrando al más valiente y disciplinado. En el caso de Debbie, mantener la gracia bajo presión ocurría de manera natural.